Nicolás Massú, nada es imposible
El tenis chileno encontró en Nicolás Massú a uno de sus mayores símbolos. Coraje, sacrificio y una semana inolvidable en Atenas 2004 transformaron al viñamarino en doble campeón olímpico y protagonista de uno de los capítulos más importantes del deporte nacional.
Hay frases que terminan perteneciendo para siempre a una persona. En el caso de Nicolás Massú, son apenas tres palabras: “Nada es imposible”.
No se trata únicamente de una consigna. Resume una carrera construida desde la perseverancia, la intensidad y una capacidad casi inexplicable para seguir luchando cuando un partido parecía perdido.
Nicolás Alejandro Massú Fried nació en Viña del Mar el 10 de octubre de 1979. Desde muy joven encontró en una raqueta el camino que terminaría llevándolo alrededor del mundo y, con el paso de los años, se transformó en uno de los principales representantes de una extraordinaria generación del tenis chileno.
Pero para entender realmente la dimensión de Massú hay que viajar hasta Grecia.
Atenas y una semana para cambiar la historia
Chile llegó a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 arrastrando una deuda que parecía interminable. El país había conseguido medallas olímpicas anteriormente, pero nunca una de oro.
Hasta que aparecieron Nicolás Massú y Fernando González.
El 21 de agosto de 2004, ambos enfrentaron a los alemanes Nicolas Kiefer y Rainer Schüttler en la final del dobles masculino. Fue un partido dramático, extenso y cambiante.
Los chilenos ganaron el primer set, perdieron los dos siguientes y quedaron contra las cuerdas. Alemania tuvo cuatro puntos de partido en el cuarto parcial.
Parecía terminado.
Pero aquella noche había dos jugadores que se negaban a aceptar la derrota.
Massú y González sobrevivieron, llevaron el encuentro hasta un quinto set y finalmente se impusieron por 6-2, 4-6, 3-6, 7-6 y 6-4.
Chile tenía, por primera vez en su historia, una medalla de oro olímpica.
La celebración atravesó miles de kilómetros. Mientras en Atenas los dos tenistas se abrazaban sobre la cancha, en Chile la madrugada se convirtió en una fiesta.
Pero Massú todavía no había terminado.
Veinticuatro horas después
El desgaste físico había sido enorme. Nicolás prácticamente no tenía tiempo para recuperarse antes de regresar a la cancha para disputar la final individual frente al estadounidense Mardy Fish.
Y volvió a ocurrir.
Otra batalla.
Massú ganó el primer set, Fish reaccionó y se quedó con los dos siguientes. El chileno estaba nuevamente obligado a remontar, esta vez después de haber disputado una final agotadora la noche anterior.
Lo hizo.
Ganó el cuarto parcial y llevó la definición al quinto set. Después de casi cuatro horas de partido, Massú cerró la final por 6-3, 3-6, 2-6, 6-3 y 6-4.
En poco más de 24 horas, Chile había pasado de no tener ningún oro olímpico en su historia a tener dos.
Y los dos pertenecían a Nicolás Massú.
El Vampiro que nunca dejaba de luchar
Su tenis no podía entenderse solamente desde la técnica.
Massú competía.
Corría, gritaba, apretaba el puño, discutía consigo mismo y convertía cada punto en una batalla. Había partidos en los que parecía agotado y encuentros en los que estaba prácticamente derrotado, pero mientras quedara una pelota por jugar seguía creyendo.
Ese espíritu hizo del “Vampiro” uno de los deportistas más reconocibles de su generación.
En el circuito profesional conquistó seis títulos individuales ATP y alcanzó el número 9 del ranking mundial en 2004. También protagonizó grandes actuaciones representando a Chile y fue parte, junto a Fernando González y Marcelo Ríos, de una época especialmente importante para el tenis nacional.
Sin embargo, ninguna estadística explica completamente lo que significó Massú para Chile.
Atenas lo cambió todo.
Chile en el pecho
Si hubo una competencia en la que Nicolás Massú mostró una versión todavía más intensa de sí mismo fue defendiendo a Chile.
La Copa Davis ocupó un lugar especial durante prácticamente toda su trayectoria. Años después de guardar la raqueta, esa relación continuaría desde otro lugar: como capitán del equipo chileno.
Desde la banca mantuvo aquello que había mostrado dentro de la cancha. La intensidad, el convencimiento y la idea de que competir por Chile tenía un significado diferente.
También inició una exitosa etapa como entrenador. Entre sus trabajos más destacados estuvo su colaboración con el austriaco Dominic Thiem, a quien acompañó durante algunos de los mejores años de su carrera, incluido el título del US Open de 2020.
Massú había cambiado de lado de la cancha, pero su manera de entender el tenis seguía intacta.
Nada es imposible
Han pasado más de dos décadas desde aquella madrugada de Atenas, pero las imágenes permanecen.
Massú corriendo.
Massú celebrando.
Massú cayendo al suelo.
Massú abrazándose con González.
Y finalmente Massú escuchando el himno de Chile con una medalla de oro sobre el pecho.
En una semana escribió algo que parecía reservado para otros países y otros deportistas.
Por eso, cuando se recuerda su carrera, aquella frase vuelve inevitablemente.
Nada es imposible.
Porque para Nicolás Massú nunca fue simplemente una frase motivacional.
Fue su manera de competir.
Y durante dos noches inolvidables en Atenas, también se convirtió en una manera de creer para todo Chile.