Marco y Esteban Grimalt, unidos por la sangre y la arena
Desde Linares hasta las principales arenas del mundo, Marco y Esteban Grimalt construyeron una trayectoria marcada por el esfuerzo, la complicidad familiar y los triunfos internacionales. Campeones panamericanos y protagonistas de tres Juegos Olímpicos, los primos han llevado el vóleibol playa chileno a lo más alto.
Hay historias deportivas que comienzan con un sueño individual. Otras nacen de una tradición familiar que se transmite de generación en generación. La de Marco y Esteban Grimalt pertenece a estas últimas. Dos primos que crecieron compartiendo una pasión y que terminaron convirtiéndose en referentes del vóleibol playa chileno, llevando la bandera nacional a tres Juegos Olímpicos y conquistando títulos internacionales.
En esta vigésima cuarta entrega de Chile en 30 Historias, recorremos el camino de los primos Grimalt, una dupla que encontró en la confianza, la perseverancia y los lazos familiares las herramientas para competir entre los mejores del mundo.
Una historia que comenzó en familia
Mucho antes de representar a Chile en los escenarios internacionales, Marco y Esteban Grimalt crecieron rodeados de pelotas, redes y una familia profundamente vinculada al vóleibol.
Ambos se criaron en Linares, en la Región del Maule, donde el deporte formaba parte de su vida cotidiana. Sus familiares ya habían practicado esta disciplina y ellos continuaron una tradición que terminaría llevándolos mucho más lejos de lo que imaginaron durante su infancia.
Sin embargo, su historia como pareja de vóleibol playa comenzó casi por casualidad.
Durante el verano de 2006 o 2007, ambos asistieron a un torneo nacional en Los Andes. Ante la ausencia de una de las parejas participantes, los organizadores les preguntaron si podían completar el cuadro.
Aceptaron el desafío. Ganaron su primer partido y perdieron los dos siguientes, pero aquella experiencia despertó una motivación que cambiaría sus vidas.
Lo que comenzó como una participación improvisada se transformó en un proyecto deportivo. Durante los años siguientes compitieron en el circuito nacional y, en 2009, consiguieron sus primeros grandes triunfos, incluido un título sudamericano.
Los primos habían encontrado su camino.
El sueño olímpico que se hizo realidad
Convertirse en deportistas de alto rendimiento significó asumir sacrificios. Los entrenamientos, los viajes y las largas temporadas lejos de casa comenzaron a formar parte de una rutina que exigía compromiso y disciplina.
Además, debían aprender a convivir con una particularidad: no eran solamente compañeros de equipo, también eran familia.
Esa relación terminó convirtiéndose en una de sus principales fortalezas. La confianza construida desde pequeños les permitió desarrollar una complicidad especial dentro de la cancha.
Su primer gran objetivo era clasificar a los Juegos Olímpicos.
Tras quedarse cerca de conseguir un cupo para Londres 2012, los Grimalt continuaron trabajando hasta alcanzar una clasificación histórica para Río de Janeiro 2016. Allí se convirtieron en la primera dupla chilena de vóleibol playa que participó en unos Juegos Olímpicos.
Era la recompensa a años de esfuerzo y el comienzo de una nueva etapa.
Posteriormente, consiguieron clasificar a Tokio 2020 y París 2024, completando tres participaciones olímpicas consecutivas.
Lima 2019, la conquista del oro panamericano
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria llegó en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.
Después de años compitiendo en el circuito internacional, Marco y Esteban llegaron a Perú con la experiencia necesaria para disputar los primeros lugares.
El torneo terminó convirtiéndose en una de las páginas más importantes de su carrera. Los primos Grimalt conquistaron la medalla de oro y se consagraron campeones panamericanos.
Aquella victoria representó mucho más que un título. Fue la confirmación de que una dupla formada en Chile podía competir y triunfar frente a los principales exponentes del continente.
También significó un nuevo impulso para una disciplina que comenzaba a ganar mayor visibilidad en el país.
Gstaad 2022, cuando Chile conquistó la élite mundial
Si Lima había representado su consagración continental, el año 2022 les permitió alcanzar uno de los mayores logros de su carrera.
En las arenas de Gstaad, Suiza, Marco y Esteban Grimalt conquistaron el título del Elite16 del Beach Pro Tour, uno de los torneos más prestigiosos del circuito internacional.
La dupla chilena se impuso ante rivales de primer nivel y levantó un trofeo que confirmó su lugar entre los protagonistas del vóleibol playa mundial.
Ese mismo año también consiguieron la medalla de oro en los Juegos Suramericanos de Asunción y alcanzaron el cuarto lugar del ranking mundial durante el mes de mayo.
Sus resultados recibieron un reconocimiento histórico: el Premio Nacional del Deporte 2022, entregado en 2023.
Por primera vez desde la creación de esta distinción, representantes de una disciplina del vóleibol recibían el máximo reconocimiento deportivo otorgado por el Estado chileno.
El premio reconoció una trayectoria construida durante años de trabajo conjunto y confirmó la dimensión de sus logros.
Santiago 2023, una medalla frente a su gente
Los Juegos Panamericanos de Santiago 2023 representaron una oportunidad especial para los primos Grimalt.
Después de conquistar el oro en Lima, ahora tenían la posibilidad de competir frente a sus familias, amigos y miles de aficionados chilenos.
La expectativa era enorme. La dupla llegaba como campeona defensora y con la experiencia acumulada durante más de una década en el circuito internacional.
Aunque no pudieron repetir el oro conseguido cuatro años antes, Marco y Esteban alcanzaron el podio y obtuvieron la medalla de bronce.
Una nueva presea panamericana que pudieron celebrar en casa, acompañados por el público chileno.
Un vínculo que va más allá de la cancha
Compartir tantos años de competencia también significa aprender a convivir con las derrotas, las lesiones, las diferencias y los momentos difíciles.
Marco y Esteban han construido una relación deportiva que se sostiene sobre un vínculo que comenzó mucho antes de su primer partido juntos.
Se conocen desde niños, compartieron reuniones familiares y crecieron practicando deporte. Esa cercanía les ha permitido desarrollar una comunicación particular, en la que muchas veces no necesitan hablar demasiado para entenderse.
Sin embargo, el talento y la complicidad no han sido suficientes por sí solos. Ambos han debido trabajar constantemente para mantenerse competitivos en una disciplina que exige preparación física, fortaleza mental y una coordinación permanente.
El vóleibol playa se juega en parejas. Cada error, cada punto y cada victoria se comparten.
Y los primos Grimalt han aprendido a hacerlo durante prácticamente toda su vida deportiva.
Un sueño que continúa
En septiembre de 2026, Marco y Esteban Grimalt siguen escribiendo su historia.
Después de participar en Río 2016, Tokio 2020 y París 2024, los chilenos comenzaron un nuevo ciclo de preparación con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Con 16 años de trayectoria internacional como dupla, afrontan esta etapa apoyados en su experiencia y en el conocimiento que han desarrollado durante su extensa carrera.
Su historia demuestra que los grandes proyectos deportivos no siempre comienzan con instalaciones extraordinarias o recursos abundantes. A veces nacen de una oportunidad inesperada, de una familia que comparte una pasión y de dos jóvenes dispuestos a perseguir un mismo sueño.
Desde Linares hasta las principales arenas del mundo, Marco y Esteban Grimalt han construido un camino que ya forma parte de la historia del deporte chileno.
Porque antes de convertirse en campeones panamericanos, ganadores de títulos mundiales y representantes olímpicos, fueron simplemente dos primos que aceptaron jugar juntos un partido.
Y aquella decisión terminó llevándolos mucho más lejos de lo que podían imaginar.
Dos primos, una misma pasión y una historia escrita sobre la arena.