Chile en 30 historias

Francisca Crovetto, apuntar hasta alcanzar la gloria

Después de más de dos décadas persiguiendo platos por las canchas del mundo y cuatro participaciones olímpicas, Francisca Crovetto alcanzó en París 2024 la gloria que tantas veces había imaginado. Su oro no solo terminó con una larga espera para Chile: la convirtió en la primera mujer chilena campeona olímpica.

Francisca Crovetto, apuntar hasta alcanzar la gloria
Santiago Bahamonde/COCH

Mucho antes de escuchar el himno chileno desde lo más alto de un podio olímpico, Francisca Crovetto ya caminaba entre escopetas, platos y canchas de tiro.

Tenía apenas tres años cuando comenzó a acompañar a su padre, Juan Francisco Crovetto, a un campo de tiro en Calera de Tango. Aquellas visitas que inicialmente eran parte de la relación entre padre e hija terminaron marcando el rumbo de su vida. Con el paso de los años comenzó a disparar y, a los 13, inició de manera formal su camino competitivo.

No era precisamente el escenario más sencillo para una niña que soñaba con competir. El tiro al vuelo era una disciplina históricamente dominada por hombres y había pocas mujeres practicándolo en Chile. Crovetto tuvo que competir muchas veces contra ellos mientras avanzaba de categoría y comenzaba a construir su propio espacio dentro del deporte nacional.

Lo que comenzó como una pasión familiar poco a poco se convirtió en un proyecto de vida.

El mundo comienza a conocer su nombre

Los resultados internacionales no tardaron en aparecer. En los Juegos Sudamericanos de Medellín 2010 consiguió la medalla de oro y, un año más tarde, obtuvo la plata en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.

Pero el gran salto llegaría en Londres 2012.

Con apenas 22 años, Crovetto disputó sus primeros Juegos Olímpicos. En la capital británica terminó en el octavo lugar del skeet femenino, consiguiendo un diploma olímpico y confirmando que Chile tenía una deportista capaz de competir entre las mejores del planeta.

Fue también una etapa de decisiones importantes. Crovetto había ingresado a estudiar Biotecnología Molecular en la Universidad de Chile, pero decidió congelar sus estudios para dedicar su tiempo al alto rendimiento. El objetivo estaba claro: quería construir una carrera deportiva y buscar aquello que todavía parecía lejano.

Caer, levantarse y volver a apuntar

Después de Londres llegaron más Juegos Olímpicos.

En Río 2016 terminó en el 19° puesto y en Tokio 2020, disputado en 2021, finalizó 23°. En Japón, además, tuvo el honor de ser una de las abanderadas de Chile en la ceremonia inaugural junto al voleibolista de playa Marco Grimalt.

Los resultados olímpicos podían cambiar, pero Crovetto continuaba acumulando experiencia y éxitos en otras competencias.

Fue bronce en los Panamericanos de Toronto 2015 y plata en Lima 2019. Ese mismo año fue distinguida con el Premio Nacional del Deporte, reconocimiento entregado por el Estado chileno a quienes destacan por sus resultados y trayectoria.

La búsqueda continuaba.

Y entonces llegó Santiago 2023.

Campeona en casa

Competir en unos Juegos Panamericanos frente al público chileno tenía un significado especial. Crovetto había conseguido medallas en Guadalajara, Toronto y Lima, pero todavía le faltaba subir al escalón más alto del podio panamericano.

En Santiago finalmente lo consiguió.

El 22 de octubre de 2023, Francisca Crovetto conquistó el oro del skeet femenino y celebró uno de los triunfos más importantes de su carrera frente a su gente. Era la recompensa a años de perseverancia y, al mismo tiempo, la confirmación de que todavía quedaba una página mucho más grande por escribir.

Su boleto para París ya estaba asegurado. Meses antes había logrado la clasificación durante el Mundial de Tiro al Vuelo disputado en Azerbaiyán.

Serían sus cuartos Juegos Olímpicos.

Esta vez, Francisca Crovetto no viajaría solamente para participar.

París y el día que cambió todo

El 4 de agosto de 2024, en Châteauroux, lejos del centro de París, Crovetto salió nuevamente a una cancha olímpica.

Habían pasado doce años desde aquel debut en Londres.

Cuatro Juegos Olímpicos.

Más de dos décadas de entrenamientos, competencias, viajes, triunfos y frustraciones.

Todo terminaba concentrándose en unos cuantos platos.

Crovetto avanzó hasta la definición del skeet femenino y terminó enfrentándose a la británica Amber Rutter por la medalla de oro. La igualdad obligó a resolver el título mediante un desempate.

Disparo tras disparo, ambas continuaron acertando.

Hasta que Rutter falló.

Crovetto volvió a colocarse la escopeta sobre el hombro. Frente a ella quedaban los platos que podían cambiar para siempre la historia del deporte chileno.

Disparó.

Acertó.

Y Chile volvió a ser campeón olímpico.

Una página que ninguna mujer chilena había escrito

La medalla significaba mucho más que un triunfo individual.

Chile llevaba 20 años sin conseguir un oro olímpico, desde las históricas victorias de Nicolás Massú y Fernando González en Atenas 2004. Además, habían transcurrido 16 años desde la última medalla chilena en unos Juegos Olímpicos.

Pero Crovetto consiguió algo que nadie había logrado antes.

Se convirtió en la primera mujer chilena en ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos.

Una niña que había comenzado acompañando a su padre a una cancha de tiro en Calera de Tango terminaba escuchando el himno nacional desde lo más alto del podio olímpico.

No había sido casualidad.

Habían sido años de entrenamiento, derrotas, decisiones difíciles y una perseverancia que sobrevivió a cuatro ciclos olímpicos.

Por eso, quizás la mejor explicación de aquella jornada salió de la propia Francisca después de convertirse en campeona:

“Los sueños se construyen, nada llega por azar”.

Francisca Crovetto necesitó miles de disparos para construir su historia.

Pero hubo uno, aquel 4 de agosto de 2024, que cambió para siempre la historia del deporte chileno.

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