Chile en 30 historias

Carlo de Gavardo, el Cóndor que conquistó los caminos del mundo

Antes de que Chile se acostumbrara a mirar el Rally Dakar y a celebrar hazañas en medio del desierto, Carlo de Gavardo ya recorría algunos de los caminos más difíciles del planeta. El “Cóndor de Huelquén” fue pionero, campeón mundial y el hombre que abrió una ruta para el motociclismo chileno.

Carlo de Gavardo, el Cóndor que conquistó los caminos del mundo

En medio del desierto, donde el horizonte parece no terminar nunca y cada kilómetro puede convertirse en una batalla contra el cansancio, la navegación y la propia máquina, un chileno comenzó a escribir una historia que hasta entonces parecía imposible.

Su nombre era Carlo de Gavardo Prohens.

Sobre una motocicleta y llevando la bandera chilena a lugares donde pocas veces había llegado, De Gavardo comenzó a instalar su nombre entre los grandes especialistas del rally raid internacional. No era solamente un piloto buscando resultados. Sin saberlo, estaba abriendo un camino que años después recorrerían nuevas generaciones del deporte motor nacional.

El nacimiento del Cóndor

Carlo de Gavardo nació el 14 de julio de 1969 y desde joven desarrolló una estrecha relación con las motocicletas.

Comenzó a competir en 1986 y rápidamente empezó a destacar en el enduro nacional. Durante aquellos primeros años acumuló títulos en Chile y comenzó a mirar más allá de las fronteras, buscando desafíos cada vez mayores.

Huelquén, localidad de la comuna de Paine, se transformó en parte inseparable de su identidad.

De allí nació también el apodo que terminaría acompañándolo durante prácticamente toda su carrera: el “Cóndor de Huelquén”.

Y había algo en aquel nombre que parecía representar perfectamente su historia. Un piloto chileno dispuesto a atravesar montañas, caminos y desiertos para llevar sus propios límites cada vez más lejos.

El salto internacional comenzó a demostrar que su talento podía competir fuera de Chile. En 1994 consiguió una destacada actuación en el Campeonato Mundial de Enduro disputado en Tulsa, Estados Unidos.

Pero todavía faltaba el desafío que cambiaría definitivamente su carrera.

La aventura llamada Dakar

En 1996, Carlo de Gavardo decidió enfrentarse por primera vez al Rally Dakar.

No era una empresa sencilla. Mucho menos para un piloto proveniente de un país con escasa tradición en una competencia dominada históricamente por europeos. Incluso reunir los recursos necesarios para estar en la partida significaba una aventura.

Pero Carlo llegó.

Y terminó.

En su primera participación consiguió finalizar en el puesto 17 de la clasificación de motos. Era apenas el comienzo.

A partir de entonces, el Dakar comenzó a convertirse en una cita habitual para el chileno. De Gavardo fue progresando año tras año: pasó de intentar completar la carrera a instalarse entre los pilotos capaces de competir en los primeros lugares.

En 1999 ya había alcanzado el octavo puesto.

Chile comenzaba a mirar hacia África.

El Dakar que cambió todo

La edición de 2001 marcaría para siempre la carrera de Carlo de Gavardo.

Aquel Dakar recorrió más de 10 mil kilómetros desde París hasta la capital de Senegal. Francia, España, Marruecos, Mauritania, Malí y Senegal formaron parte de una aventura en la que sobrevivir ya constituía un desafío.

Pero Carlo quería más.

Durante la quinta especial, disputada en Marruecos, consiguió una histórica victoria de etapa. De Gavardo estaba demostrando que podía vencer a los mejores pilotos del mundo.

Cuando finalmente alcanzó Dakar, el chileno terminó tercero en la clasificación general de motos, detrás del italiano Fabrizio Meoni y el español Jordi Arcarons.

Era el primer podio de un chileno en la historia de la competencia.

De Gavardo había conseguido algo que hasta entonces parecía lejano para el deporte nacional: subir al podio de una de las pruebas más extremas del planeta.

Y todavía quedaba mucho por recorrer.

Desde Huelquén hasta la cima del mundo

Ese mismo 2001 terminaría transformándose en el año más importante de su trayectoria.

Tras su histórica actuación en el Dakar, De Gavardo continuó disputando las diferentes pruebas del calendario internacional y terminó coronándose campeón de la Copa del Mundo de Rally Cross-Country de la Federación Internacional de Motociclismo.

El Cóndor había llegado a la cima.

Aquel piloto que años antes recorría los caminos de Huelquén ahora podía presentarse como campeón mundial.

Su palmarés internacional seguiría creciendo. Años más tarde conseguiría también los títulos mundiales de Bajas en la categoría 450 cc en 2004 y 2005, consolidando una trayectoria que trascendía ampliamente sus participaciones en el Dakar.

Carlo ya no era simplemente un chileno intentando competir contra las grandes potencias del motociclismo.

Era uno de los mejores del mundo.

Mucho más que un tercer lugar

Carlo regresaría una y otra vez al Dakar.

En 2002 estuvo incluso cerca de repetir el podio. Terminó cuarto y consiguió tres victorias de etapa. En 2006 volvería a completar una gran actuación al finalizar quinto, sumando otros dos triunfos parciales.

Pero reducir su importancia a posiciones, etapas ganadas o campeonatos sería contar solamente una parte de su historia.

Porque mientras De Gavardo atravesaba África, algo también estaba ocurriendo a miles de kilómetros de distancia.

Chile comenzó a descubrir el Dakar.

Las imágenes del motociclista nacional enfrentando dunas, caídas, problemas mecánicos y jornadas interminables comenzaron a convertir una competencia prácticamente desconocida para buena parte del país en un acontecimiento que cada enero encontraba nuevos seguidores.

Carlo estaba compitiendo.

Pero también estaba abriendo ruta.

El hombre que abrió el camino

Después vendrían otros.

Francisco “Chaleco” López se transformaría en protagonista del Dakar. Pablo Quintanilla llegaría a disputar los primeros lugares de la carrera y a coronarse campeón mundial. Ignacio Cornejo también conseguiría victorias de etapa y grandes actuaciones.

Cada uno construiría su propia historia.

Pero antes de aquella generación estuvo Carlo.

De Gavardo ayudó a demostrar que un piloto chileno podía competir al máximo nivel, enfrentarse a estructuras mucho más poderosas y aspirar a resultados importantes en los escenarios más difíciles del planeta.

Su influencia también encontraría continuidad dentro de su propia familia. Su hijo Tomás seguiría años más tarde el camino del rally cross-country, manteniendo vivo un apellido inseparable de la historia del motociclismo nacional.

Por eso el legado del Cóndor excede cualquier clasificación.

Carlo de Gavardo fue un pionero.

Cuando el Dakar llegó a Chile

El destino guardaba además un capítulo especial.

Durante años, De Gavardo había tenido que viajar miles de kilómetros para perseguir el Dakar por África. Sin embargo, después de la cancelación de la edición 2008, la competencia abandonó aquel continente y comenzó una nueva etapa en Sudamérica.

En 2009, el Dakar llegó a Argentina y Chile.

De pronto, aquellos paisajes que durante años habían servido de escenario para los entrenamientos de los pilotos nacionales se convirtieron en parte de la carrera más famosa del rally raid.

El público chileno salió masivamente a las rutas.

El desierto de Atacama recibió a los mejores pilotos del planeta y el Dakar se convirtió en un verdadero fenómeno en el país.

Para entonces, Carlo ya había hecho buena parte del trabajo.

Mucho antes de que la carrera cruzara la cordillera y llegara hasta territorio chileno, el Cóndor había conseguido que Chile mirara hacia el Dakar.

La última ruta del Cóndor

La mañana del 4 de julio de 2015, Carlo de Gavardo seguía haciendo algo que había marcado prácticamente toda su vida: entrenar.

Esta vez no había una motocicleta ni un desierto interminable por delante.

De Gavardo se encontraba realizando deporte en bicicleta en el sector del cerro Huelquén cuando comenzó a sentirse mal. Sufrió un paro cardiorrespiratorio y debió ser trasladado de urgencia hasta el Hospital de Buin.

Ingresó al recinto asistencial cerca de las 13:00 horas en estado crítico. Pese a los esfuerzos médicos por reanimarlo, se confirmó su fallecimiento.

Tenía apenas 45 años.

Faltaban diez días para que cumpliera 46.

La noticia golpeó con fuerza al deporte chileno. Se marchaba uno de sus grandes pioneros, un hombre que había llevado la bandera nacional por algunos de los lugares más extremos del planeta.

El Cóndor había dejado de volar.

El vuelo continúa

Pero existen deportistas cuya historia no termina cuando dejan de competir.

Y Carlo de Gavardo pertenece a ese grupo.

Hoy resulta mucho más habitual ver una bandera chilena en el Dakar, encontrar pilotos nacionales ganando etapas o siguiendo temporadas completas en los principales campeonatos internacionales de rally raid.

Hubo un tiempo en que aquello parecía extraordinario.

Carlo ayudó a cambiarlo.

Desde Huelquén salió para desafiar desiertos, montañas y fronteras. Se cayó, volvió a levantarse y siguió acelerando hasta instalar el nombre de Chile entre los grandes protagonistas del motociclismo mundial.

Ganó etapas, subió al podio del Dakar y llegó a convertirse en campeón del mundo.

Pero quizás su victoria más importante no pueda encontrarse en ninguna clasificación.

Fue demostrar que desde Chile también se podía llegar.

Que detrás suyo podían venir otros.

Por eso, cada vez que un piloto chileno se enfrenta a las dunas del Dakar, cada vez que nuestra bandera aparece entre los protagonistas del rally raid mundial, una parte de aquel camino conduce inevitablemente hacia Huelquén.

Hacia el hombre que se atrevió cuando pocos lo habían hecho.

Hacia el pionero que abrió la ruta.

Hacia Carlo de Gavardo, el Cóndor que conquistó los caminos del mundo.

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