Alberto Abarza, brazadas para vencer lo imposible
El nadador paralímpico transformó el agua en el escenario de una carrera extraordinaria. Campeón paralímpico y múltiple medallista, construyó una historia marcada por la perseverancia y por una bandera chilena que llevó hasta lo más alto.
Hay momentos en los que una piscina deja de ser solamente una piscina. El agua se convierte en refugio, en desafío, en escenario y también en una manera de demostrar que los límites pueden ser enfrentados una brazada a la vez.
Para Alberto Abarza, el agua terminó siendo todo eso.
Nacido en San Bernardo el 11 de diciembre de 1984, Abarza fue diagnosticado durante su infancia con el síndrome de Charcot-Marie-Tooth, una enfermedad neurológica hereditaria que afecta progresivamente los nervios periféricos y provoca debilidad muscular.
Su realidad física fue cambiando con los años. En ese proceso hubo una institución que adquirió una importancia especial en su vida: Teletón.
Teletón, parte fundamental de su camino
Alberto Abarza fue paciente de Teletón durante su infancia y adolescencia. Allí encontró un espacio de rehabilitación y acompañamiento en una etapa determinante de su desarrollo.
La institución terminó formando parte de una historia que, muchos años después, tendría al mismo niño que asistía a rehabilitación representando a Chile en las piscinas más importantes del planeta.
Su vínculo con Teletón tampoco desapareció con el éxito deportivo. Con el paso del tiempo, Abarza se transformó en uno de los rostros que permiten mostrar hasta dónde puede llegar una persona que alguna vez pasó por sus institutos, regresando a esa historia desde otro lugar: como campeón paralímpico y referente del deporte chileno.
Por eso, cuando Abarza subió al podio representando a Chile, detrás de aquellas medallas existía un recorrido mucho más largo. Antes de las competencias internacionales, los entrenamientos y los Juegos Paralímpicos, estuvieron la rehabilitación, su familia y las personas e instituciones que acompañaron su crecimiento.
El agua como espacio de libertad
La natación comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en su vida. Primero como una actividad que le permitía desenvolverse en un ambiente distinto y, posteriormente, como un deporte en el que comenzó a descubrir sus propias capacidades competitivas.
El agua no eliminaba las dificultades, pero le ofrecía otra manera de enfrentarlas.
Con entrenamiento, disciplina y perseverancia, Abarza comenzó a abrirse camino dentro de la paranatación chilena hasta convertirse en uno de sus principales representantes internacionales.
Su nombre empezó a aparecer en competencias continentales y mundiales. Cada resultado significaba un nuevo paso, pero todavía faltaba el escenario que terminaría cambiando definitivamente su historia.
Tokio y una carrera hacia la eternidad
Los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, disputados en 2021 debido a la pandemia, marcaron el momento más importante de su trayectoria.
Abarza llegó a Japón como uno de los grandes representantes de la delegación chilena y respondió dentro de la piscina.
En los 100 metros espalda categoría S2 consiguió la actuación que lo llevaría para siempre a la historia del deporte nacional. El chileno tocó primero la pared y conquistó la medalla de oro paralímpica.
Una carrera. Una llegada. Y una vida entera detrás de ese momento.
Abarza se transformaba en campeón paralímpico y entregaba a Chile una de las páginas más importantes de su historia deportiva.
Pero su participación en Tokio todavía tenía más capítulos.
El nadador también consiguió dos medallas de plata, en los 50 metros espalda S2 y los 200 metros libre S2. Terminó aquellos Juegos con tres preseas y confirmó su lugar entre los grandes nombres del deporte paralímpico chileno.
Una historia que continuó en París
Tres años después, Alberto Abarza volvió a representar a Chile en unos Juegos Paralímpicos.
París 2024 significaba un nuevo desafío. Ya no llegaba solamente como uno de los integrantes de la delegación nacional. Lo hacía como campeón paralímpico y como uno de los deportistas más reconocidos del Team ParaChile.
Y nuevamente respondió.
En la capital francesa volvió a subir al podio en tres oportunidades, conquistando tres medallas de bronce: en los 100 metros espalda S2, los 50 metros espalda S2 y los 200 metros libre S2.
Con esos resultados amplió todavía más una colección extraordinaria.
Entre Tokio y París, Abarza alcanzó seis medallas paralímpicas: un oro, dos platas y tres bronces.
Más allá de los números, sus resultados ayudaron también a aumentar la visibilidad del deporte paralímpico en Chile y a instalar nuevos referentes para las generaciones que comenzaron a mirar aquellas competencias desde sus casas.
Mucho más que las medallas
Las medallas permiten dimensionar una carrera, pero no necesariamente explican toda una historia.
Detrás de cada podio de Alberto Abarza existen años de entrenamiento, rehabilitación, viajes, competencias y adaptación a una enfermedad progresiva que nunca dejó de acompañarlo.
Por eso, su trayectoria puede entenderse también desde la constancia.
Abarza convirtió la natación en una forma de competir al máximo nivel y construyó una carrera que lo llevó desde aquel niño que llegó a Teletón hasta convertirse en campeón paralímpico.
Tokio le entregó el oro. París confirmó su permanencia entre la élite. Y cada una de aquellas medallas fue agregando una nueva página a una historia que ya ocupa un lugar privilegiado dentro del deporte chileno.
Brazadas para vencer lo imposible
Alberto Abarza encontró en el agua un lugar donde avanzar.
Allí donde cada metro exige esfuerzo, aprendió a construir su camino brazada tras brazada. No necesitó que las dificultades desaparecieran para perseguir sus objetivos. Aprendió a convivir con ellas mientras seguía avanzando.
Desde las jornadas de rehabilitación hasta los entrenamientos de alto rendimiento.
Desde Teletón hasta unos Juegos Paralímpicos.
Hasta subir a un podio.
Hasta escuchar el himno de Chile después de conquistar una medalla de oro.
Porque algunas historias deportivas pueden contarse a través de récords, títulos o estadísticas. Otras necesitan mirar todo el camino recorrido para comprender realmente su dimensión.
La de Alberto Abarza tiene un poco de ambas.
Es la historia de un nadador que convirtió una piscina en su escenario para competir contra los mejores del mundo.
La historia de un campeón paralímpico.
Y la historia de un chileno que, brazada tras brazada, aprendió a vencer lo imposible.