Antonia y Melita Abraham, dos remos de una misma embarcación
Mellizas, compañeras y referentes del remo chileno. Antonia y Melita Abraham han construido una historia en la que familia, sacrificio y deporte avanzan al ritmo de una misma embarcación.
Hay historias deportivas que comienzan con una pelota. Otras nacen en una pista, una piscina o sobre una bicicleta. La de Antonia y Melita Abraham comenzó cerca del agua, en San Pedro de la Paz.
Con el paso de los años, esa historia se convirtió en una de las más particulares y exitosas del deporte chileno contemporáneo.
Porque hablar de ellas es hablar de dos. Dos hermanas. Dos mellizas. Dos deportistas que aprendieron a remar prácticamente al mismo tiempo.
Con los años, transformaron aquella aventura familiar en una carrera deportiva. Una que las llevó a representar a Chile en los principales escenarios del remo mundial.
Aunque, en realidad, la historia es todavía más extraordinaria.
Antonia y Melita nacieron el 7 de julio de 1997. Forman parte de los cuatrillizos Abraham Schüssler junto a Alfredo e Ignacio. Los cuatro terminarían vinculados al remo. Así, el apellido Abraham se convirtió en uno de los más reconocibles de esta disciplina en Chile.
Una familia que aprendió a remar junta
La Laguna de San Pedro de la Paz terminó transformándose en una especie de segundo hogar.
Lo que comenzó durante la infancia fue creciendo con ellas. Primero llegaron los entrenamientos y las primeras competencias. Después aparecieron las exigencias propias del alto rendimiento.
Sin embargo, Antonia y Melita tenían algo difícil de reproducir mediante cualquier planificación deportiva: se conocían desde siempre.
Compartían mucho más que un bote.
Sabían cuándo la otra estaba cansada y cuándo necesitaba apoyo. También entendían cuándo era necesario seguir empujando. En una disciplina donde la coordinación puede separar el éxito de la derrota, ellas habían pasado toda una vida aprendiendo a avanzar en paralelo.
La propia Antonia alguna vez describió a su hermana como una compañera en la que puede confiar plenamente. Además, recordó que durante los momentos más difíciles muchas veces tuvieron que levantarse mutuamente y seguir adelante.
Era una relación de hermanas trasladada al agua.
Cuando el mundo comenzó a conocer a las Abraham
Los resultados no tardaron en demostrar que aquello era mucho más que una bonita historia familiar.
En 2017 llegó uno de los primeros grandes golpes internacionales. Antonia y Melita se proclamaron campeonas mundiales Sub-23 en Plovdiv. Lo hicieron compitiendo juntas en el dos sin timonel.
A partir de entonces, el apellido Abraham comenzó a aparecer cada vez con mayor frecuencia en las competencias internacionales.
Llegaron medallas sudamericanas, triunfos panamericanos y actuaciones en Copas del Mundo.
En Lima 2019 volvieron a celebrar juntas. Cuatro años después, Santiago 2023 les permitió hacerlo frente a su propia gente.
Además, su trayectoria las llevó a convertirse en las máximas medallistas chilenas en la historia de los Juegos Panamericanos. Ambas alcanzaron las ocho preseas, de acuerdo con el registro del Team Chile.
Pero todavía quedaba pendiente un sueño.
París, el sueño que tardó años
Los Juegos Olímpicos siempre habían estado ahí.
Melita ya conocía esa experiencia después de competir en Río 2016. Sin embargo, hacerlo junto a su hermana era diferente.
Para las Abraham, llegar a unos Juegos Olímpicos compartiendo embarcación se transformó en un objetivo que persiguieron durante años.
Finalmente, la clasificación llegó en el Campeonato Mundial de Belgrado 2023. El resultado abrió definitivamente la puerta hacia París 2024.
Allí hubo, además, una imagen difícil de olvidar.
Antonia fue elegida abanderada de Chile para la ceremonia inaugural. Era una distinción individual. Sin embargo, ella también la entendió como un reconocimiento a la trayectoria del remo chileno.
Después llegó el momento de competir.
Las mellizas avanzaron directamente desde su serie hacia las semifinales del dos sin timonel femenino. No consiguieron ingresar a la Final A y debieron disputar la Final B.
Finalmente, cerraron sus primeros Juegos Olímpicos juntas en el noveno lugar.
No era el final.
Era otra palada.
Ámsterdam y una bandera chilena desde la orilla
Dos años después de París, MH Sports pudo presenciar otro capítulo de esta historia. Fue durante el Mundial de Remo de 2026 en Ámsterdam.
Antonia y Melita volvieron a instalarse entre las mejores. Primero ganaron su serie. Después fueron segundas en semifinales y alcanzaron la Final A del dos sin timonel femenino.
Allí finalizaron en el sexto lugar del mundo.
Desde la orilla había alguien siguiendo cada palada.
La mirada de una madre
Melita Schüssler, madre de las hermanas Abraham, conversó en exclusiva con MH Sports durante el campeonato. Había viajado hasta Ámsterdam para acompañar a sus hijas.
Mientras ellas permanecían concentradas en la competencia, su madre las apoyaba desde la orilla con una bandera chilena.
“Lo mejor es reencontrarse con las hijas. No nos vimos mucho porque ellas están en lo suyo, en la concentración, totalmente concentradas”, contó.
Después entregó una reflexión que permite dimensionar lo conseguido por Antonia y Melita más allá de cualquier medalla.
“Como mamá, que salgan primera, segunda, tercera o sexta, que en un Mundial ya estar en la Final A es espectacular. No es como salir sexta en la Laguna de San Pedro, es salir sexta en un Mundial. Clasificaron en un Mundial, llegaron a la Final A, eso es tremendo”, señaló a MH Sports.
Sus palabras unen dos lugares separados por miles de kilómetros.
Por un lado está la Laguna De San Pedro, donde comenzó prácticamente todo. Por otro, un Mundial en Europa. Allí, aquellas niñas que aprendieron a remar terminaron compitiendo entre las mejores del planeta.
Melita Schüssler ya había acompañado a sus hijas en Sudamericanos. También estuvo presente en los Juegos Olímpicos de Río y París. Ámsterdam, sin embargo, significó su primer Mundial.
Y, aun estando frente a Antonia y Melita, su mirada seguía contemplando a toda la familia.
“Allá estaremos, ojalá puedan ir también los otros chicos, los dos varones, Alfredo e Ignacio”, cerró.
Su deseo mira hacia Los Ángeles 2028 y a una posibilidad muy especial: que sus cuatro hijos puedan hacer historia en unos Juegos Olímpicos.
Dos remos de una misma embarcación
La historia de Antonia y Melita Abraham todavía no tiene un punto final.
Después de París modificaron aspectos de su preparación. También cambiaron entrenador y ajustaron su planificación.
En 2026 volvieron a subir al podio de Copas del Mundo. Además, alcanzaron nuevamente una Final A mundialista.
Ahora, Los Ángeles 2028 aparece en el horizonte.
Pero quizás su historia no deba medirse solamente por las medallas que ya consiguieron. Tampoco por aquellas que todavía puedan llegar.
Porque detrás de los resultados está la historia de dos hermanas que crecieron y comenzaron a remar juntas.
Después fueron campeonas del mundo. Años más tarde cumplieron otro sueño: llegar juntas a unos Juegos Olímpicos.
Han celebrado. Han perdido. Han discutido. También han tenido que levantarse una a la otra.
Y después de tantos años, cuando comienza una nueva regata, vuelven a sentarse en una embarcación. Una vez más, miran hacia el mismo destino.
Antonia y Melita.
Dos hermanas unidas por el remo.
Juntas, en una misma embarcación.