Polideportivo

Las Diablas recuperaron su mejor versión y empataron en un partidazo ante Australia

Chile mostró una cara completamente diferente a la derrota frente a Japón y empató 4-4 con Australia en su tercer partido del Mundial de Hockey Césped. Las Diablas recuperaron intensidad, funcionamiento colectivo y estuvieron muy cerca de quedarse con el triunfo, pero las oceánicas consiguieron la igualdad sobre el final.

Las Diablas recuperaron su mejor versión y empataron en un partidazo ante Australia
Chile Hockey

Las Diablas volvieron a encontrarse como equipo. La selección chilena cerró su participación en el Grupo A de la primera fase del Mundial de Hockey Césped con un vibrante empate 4-4 frente a Australia, en un encuentro disputado en el Wagener Hockey Stadium de Amstelveen.

Más allá del resultado, la presentación dejó una señal importante para el conjunto dirigido por Cristóbal Rodríguez. Después de la dura derrota por 3-0 frente a Japón, Chile recuperó buena parte del funcionamiento colectivo que había mostrado en el debut contra Países Bajos.

Esta vez Las Diablas estuvieron cohesionadas, consiguieron jugar con sus líneas mucho más juntas y recuperaron una agresividad ofensiva que no habían podido encontrar durante la jornada anterior.

Las Diablas volvieron a ser un equipo

La principal diferencia estuvo en la respuesta colectiva.

Ante Japón, Chile había tenido muchos problemas durante los primeros dos cuartos, especialmente para sostener la presión y mantener unido al equipo. Frente a Australia ocurrió prácticamente lo contrario.

Las nacionales fueron capaces de competir desde el inicio y responder cada vez que las Hockeyroos intentaron tomar el control del encuentro. El equipo chileno mostró personalidad para atacar y consiguió anotar cuatro goles ante una selección que llegaba a esta última jornada con tres puntos después de vencer 2-0 a Japón y perder 4-2 frente a Países Bajos.

El marcador también refleja la transformación ofensiva del equipo: Chile había llegado al encuentro sin goles convertidos después de caer 2-0 ante las neerlandesas y 3-0 frente a Japón. Contra Australia encontró cuatro veces el arco rival y consiguió su primer punto de la Copa del Mundo.

Un triunfo que estuvo muy cerca

La actuación chilena incluso estuvo cerca de recibir un premio mayor.

Las Diablas consiguieron ponerse en una posición favorable durante el desarrollo del encuentro y llegaron a los minutos decisivos con posibilidades concretas de quedarse con una victoria que habría significado un cierre espectacular para la primera fase.

Australia, sin embargo, aumentó la presión durante el tramo final y consiguió establecer el 4-4 definitivo cuando Chile ya acariciaba el triunfo.

El desenlace dejó inevitablemente una sensación amarga. No solo por haber tenido la victoria tan cerca, sino porque el rendimiento realizado por Las Diablas había permitido ilusionarse con volver a derrotar a una selección australiana que ya había sufrido frente a Chile durante las clasificatorias mundialistas disputadas en Santiago.

Una reacción necesaria después de Japón

El resultado adquiere todavía mayor valor por la manera en que llegó Chile al partido.

La derrota contra Japón había dejado al equipo golpeado. El propio técnico Cristóbal Rodríguez reconoció después de aquel encuentro que había faltado convicción y mayor consistencia en las presiones durante la primera mitad.

Contra Australia, precisamente, varias de esas falencias fueron corregidas.

Chile volvió a presionar como bloque, recuperó conexiones entre sus líneas y mostró una capacidad ofensiva completamente distinta. Más que actuaciones individuales aisladas, Las Diablas volvieron a sostenerse desde el funcionamiento colectivo.

El 4-4 les permitió sumar su primer punto del Mundial, después de comenzar el torneo con derrotas ante Países Bajos y Japón. Australia, en tanto, llegó a cuatro unidades en el Grupo A.

Una versión mucho más reconocible

Las Diablas probablemente lamentarán durante algún tiempo la forma en que se escapó la victoria. Sin embargo, el partido dejó una conclusión positiva mucho más profunda que el propio marcador.

Chile volvió a parecerse a Chile.

El equipo recuperó intensidad, personalidad y, principalmente, cohesión. Aquella característica que lo llevó a conseguir la clasificación mundialista volvió a aparecer en Amstelveen justo después de uno de los encuentros más complejos de este proceso.

El empate 4-4 ante Australia no alcanzó para borrar las dificultades anteriores, pero sí permitió que Las Diablas recuperaran sensaciones y demostraran nuevamente que, cuando consiguen funcionar como equipo, tienen herramientas para competir frente a selecciones de primer nivel.

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